"SEÑOR, DAME DE ESA AGUA, PARA QUE NO TENGA SED" Jn 4,15
No solamente la sed que siente nuestro cuerpo, puede deshidratarlo y causarnos la muerte, también la sed de Dios puede causarnos una una deshidratación espiritual que nos lleva a vivir como entes sin sentido. Esta sed de Dios, es decir esta falta de un contacto con Dios nos hace perder las ganas de vivir, el sin sentido de la vida y el entusiamo a todo lo que hacemos.
Solamente una vida espiritual, un contacto permanente con Dios nos proporciona una vida alegre, llena de satifacciones y de oportunidades.
Por esto es importante que nosotros conozcamos a Dios Padre por medio de Jescristo su Hijo, a quien Él envió para darnos la Salvación y una vida nueva.
Jesús Resucitado esta entre nosotros y espera que nosotros lo aceptemos para calmar la sed que nos causa este peregrinar hacia la Jerusalen Celestial. Esa sed nuestra, es la misma sed de Dios, sed de amor, sed de injusticia, sed de solidaridad, sed de perdón.
Aceptemos el agua viva que Jesús nos ofrece, podemos beber de ella en la Sagrada Escritura, en la Santa Eucaristia y en el amor al Prójimo.
Dios los Bendiga